En la residencia para mayores israelíes más próxima a la guarida de Hezbollah, ninguno de los abuelos se inquieta cuando la sirena avisa que el terrorismo islámico ataca.
Llevan más de diez días sin salir de la casona de piedra que los protege de los misiles en el kibutz, fundado a quinientos metros de la frontera con Líbano en 1938, diez años antes de la creación del Estado de Israel.
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